26 feb
La vicepresidenta del CODEPA, Lorena Busto Parada, reflexiona con motivo del 8M sobre el papel de la enfermería en una profesión mayoritariamente femenina que sigue afrontando desigualdades estructurales. En esta entrevista analiza los retos pendientes, la falta de reconocimiento en los espacios de decisión y la necesidad de reforzar el liderazgo enfermero para garantizar la calidad y sostenibilidad del sistema sanitario.
P. ¿Qué retos enfrenta hoy la enfermería desde una perspectiva de género?
R. Los retos son los mismos a los que se enfrenta cualquier mujer en un sistema patriarcal, con la diferencia de que, en este caso, afectan a la profesión como colectivo. Es decir, el techo de cristal que impide a las mujeres acceder a puestos de liderazgo o dirección repercute en el desarrollo profesional de la enfermería, independientemente del género de quien la ejerza.
De este modo, las aportaciones de la enfermería quedan relegadas en la planificación sanitaria y sociosanitaria, en la definición de líneas de investigación relacionadas con los cuidados o en la gestión de recursos. En definitiva, el colectivo que cuida de la ciudadanía termina acatando propuestas de otros profesionales ajenos al ámbito del cuidado, lo que contribuye a institucionalizar el mandato de “servir y agradar”.
P. ¿Qué retos específicos enfrenta la enfermería desde una perspectiva de igualdad?
R. La enfermería sufre una doble discriminación de género, ya que cuida dentro y fuera del hogar. Por un lado, pertenecer a la categoría profesional de enfermería supone per se una desventaja en términos de promoción profesional. Por otro, se suma el impacto de asumir los cuidados de hijos e hijas y familiares, en un contexto de falta de corresponsabilidad estructural propia del sistema patriarcal.
Así, muchas profesionales entran en la rueda del hámster de “hacerse a un lado por los demás”, como si se tratara de algo natural, y cuando quieren reaccionar, otro ya ha ocupado su lugar.
P. ¿Sigue existiendo un sesgo de género en la valoración social y profesional de la enfermería? ¿Cree que la ciudadanía es consciente del alcance real de las competencias enfermeras?
R. La valoración social de la enfermería no es negativa. De hecho, lidera los rankings de las profesiones sanitarias mejor valoradas por la ciudadanía. Sin embargo, este reconocimiento suele atribuirse a su lado humano: el acompañamiento, la empatía, etc.
En definitiva, se asocia a las llamadas “habilidades blandas”, imprescindibles para el manejo de situaciones complejas, pero que sitúan a la profesión lejos del reconocimiento como colectivo experto, con un conocimiento científico propio y con un impacto directo y demostrado en la calidad de vida de la población, más allá del proceso de curación.
El cuidado sigue percibiéndose como algo doméstico y, por tanto, ni académico ni institucionalmente relevante.
P. La enfermería es una profesión mayoritariamente femenina. ¿Cómo ha influido esto en su desarrollo histórico y en su reconocimiento actual?
R. El papel de las mujeres en el ámbito de la salud y la sanación ha sido tan intenso como injustamente tratado, en coherencia con la necesidad histórica de preservar un statu quo basado en la desigualdad por razón de género.
Se han dado situaciones tan absurdas como condenar a mujeres a la hoguera por su saber empírico, mientras medicina y religión avanzaban de la mano. Siglos después, se ha negado a la enfermería su carácter de conocimiento empírico y racional. Incluso figuras como Florence Nightingale, cuya influencia en las políticas de salud pública traspasó fronteras, han sido reducidas a la imagen romántica de “la dama de la lámpara”.
En definitiva, cualquier argumento ha servido para evitar reconocer que el cuidado es ciencia y para negar sistemáticamente su impacto en el bienestar individual y colectivo.
P. En el marco del 8M, ¿qué papel ocupa la enfermería en el sistema sanitario asturiano? ¿Está suficientemente reconocida la aportación de las enfermeras en Asturias?
R. En la comunidad con mayor tasa de envejecimiento del país, los cuidados deberían ser un objetivo prioritario para la administración pública y, en particular, para el sistema sanitario. Sin embargo, nos encontramos en una situación cada vez más urgente en la que es necesario definir un marco de cuidados, especialmente en el ámbito sociosanitario, alineado con el Marco Estratégico para los Cuidados de Enfermería (MECE), publicado en 2025 por el Ministerio de Sanidad.
En el contexto del 8M, esta situación pone de relieve la necesidad de otorgar mayor protagonismo político a la enfermería y facilitar su acceso a espacios desde los que pueda desarrollar estrategias específicas. Asimismo, resultan necesarias modificaciones en el ámbito laboral —como la exclusividad— que permitan dar una respuesta adecuada a las necesidades de la población.
P. ¿Está suficientemente representada la enfermería en los espacios de toma de decisiones sanitarias?
R. El acceso a determinados espacios no garantiza necesariamente una capacidad real de influencia en la organización. Con frecuencia, se crean estructuras vinculadas al ámbito del cuidado que carecen de autonomía y, por tanto, de capacidad efectiva para determinar decisiones estratégicas.
El reto consiste en consolidar a la enfermería como miembro de pleno derecho en ámbitos de mayor repercusión, como las políticas sanitarias.
P. ¿Qué desafíos afrontan actualmente las enfermeras en Asturias en términos de condiciones laborales y reconocimiento profesional? ¿Cómo puede el sistema sanitario aprovechar mejor el talento y la formación especializada de las enfermeras? ¿Qué cambios estructurales serían necesarios para fortalecer la profesión en los próximos años?
R. Resulta paradójico que, siendo la enfermería una de las carreras universitarias con mayor nota de corte, la perspectiva de desarrollo profesional sea fundamentalmente administrativa, tanto en el ámbito público como en el privado.
Este enfoque promueve una competencia interna que, en muchos casos, enfrenta a mujeres entre sí, reforzando dinámicas que históricamente han contribuido a perpetuar desigualdades. Entre la acumulación de tiempo trabajado y la suma de cursos en línea, la carrera profesional acaba pareciéndose más a una colección de méritos formales que a un verdadero reconocimiento del desempeño y del saber científico.
Frente a ello, la sororidad representa el apoyo, la empatía y el compromiso entre mujeres para reducir la desigualdad de género y fortalecer el desarrollo profesional colectivo.
P. ¿Qué impacto tiene el liderazgo enfermero en la calidad asistencial? ¿Cómo contribuye la enfermería a la sostenibilidad del sistema sanitario público? ¿Qué papel juegan las enfermeras en ámbitos como la prevención y la educación para la salud?
R. La enfermería se caracteriza por su versatilidad y su capacidad para trabajar en equipos multidisciplinares. El objeto de sus intervenciones no se limita a un problema de salud concreto, sino que contempla el grado de afectación de la persona como individuo y como parte de una comunidad.
Esta visión favorece un enfoque integral de la actividad profesional a lo largo de todo el proceso que lleva a una persona a contactar con el sistema sanitario o sociosanitario. Además, impulsa intervenciones comunitarias orientadas a promover el cuidado y el bienestar de la ciudadanía, en colaboración con entidades sociales, deportivas y otros agentes comunitarios.
En un contexto de creciente cronicidad, que evidencia la fragilidad de los sistemas sanitarios y sociosanitarios, los profesionales de enfermería constituyen un activo fundamental para dotar a la población de herramientas que fomenten el autocuidado, tanto en prevención como en la gestión de necesidades de salud o discapacidad.
P. ¿Qué mensaje lanzaría desde el CODEPA en este 8M? En una fecha como el 8M, ¿qué reivindicación considera prioritaria para la profesión enfermera? ¿Qué mensaje trasladaría a las jóvenes que están pensando en estudiar Enfermería?
R. El 8M es un día para reivindicar y para recordar que los avances en igualdad no son lineales, sino en espiral: es necesario volver una y otra vez sobre las mismas demandas para consolidarlas.
La trayectoria de la enfermería guarda paralelismos con esta dinámica. Afortunadamente, hoy existen derechos y espacios reconocidos que ya no pueden obviarse y que debemos consolidar como propios.
Nuestra profesión posee un capital social indiscutible y, desde el CODEPA, manifestamos nuestro firme compromiso con el reconocimiento de la enfermería como ciencia y como profesión esencial para la sostenibilidad y la calidad del sistema sanitario.