8 oct

Entrevista a Lucía Martínez Pérez, Enfermera Especialista en Salud Mental

P: Llevas desde 2017 en la Red de Salud Mental de Asturias y actualmente estás en la Unidad de Desintoxicación Hospitalaria del Hospital Monte Naranco. ¿Cómo ha evolucionado la atención a la salud mental y a las adicciones en nuestra comunidad en estos años, y qué particularidades tiene vuestro día a día que a veces pasan desapercibidas para el resto del sistema?

R: Desde que empecé mi residencia he visto cómo la red se ha ido dimensionando, con un aumento importante tanto de profesionales de enfermería como del resto de categorías. Este crecimiento también ha ido acompañado de un aumento de la demanda , sobre todo desde la pandemia. En el ámbito de las adicciones también ha cambiado el perfil de los usuarios. La sociedad cambia y, con ella, cambian las formas de consumo y las conductas adictivas. En nuestra Unidad de Desintoxicación Hospitalaria atendemos fundamentalmente adicciones a sustancias, pero debemos tener muy presentes otras realidades, como las adicciones sin sustancia. Y una peculiaridad importante de nuestro trabajo es que no podemos separar la salud mental de los determinantes sociales. Muchas veces no podemos buscar únicamente el resultado ideal, sino trabajar desde la realidad de cada persona y conseguir minimizar los riesgos y las consecuencias negativas. Acompañar, reducir daños y ofrecer oportunidades de cambio también forma parte del cuidado.

P: Desde fuera se tiende a ver la intervención en salud mental de manera muy protocolaria, cuando el núcleo del cuidado descansa en el vínculo y en la relación terapéutica. Como especialista, ¿cómo influye el manejo clínico a pie de cama en la evolución del paciente?

R: El vínculo terapéutico es, probablemente, la herramienta más poderosa que tenemos en salud mental. Antes de cualquier intervención, lo primero es conseguir establecer una relación de confianza con la persona que tenemos delante. Y esto no siempre es fácil: requiere tiempo, escucha, presencia y, sobre todo, conseguir que las personas se sientan seguras y no juzgadas. Por eso, desde el CODEPA planteamos, dentro de nuestras aportaciones al proyecto de Ley de Salud Mental del Principado, la posibilidad de la libre elección de enfermera, al igual que se contempla la elección de otros profesionales. Porque en salud mental quién te acompaña es muy importante, y ese vínculo puede ser determinante para que una persona acepte el cuidado, participe en su tratamiento y avance en su proceso de recuperación.

P: La valoración en un entorno de salud mental exige un alto grado de autonomía y criterio clínico ante situaciones de crisis. ¿De qué manera la especialidad dota a las enfermeras de herramientas determinantes para garantizar una atención segura?

R: La especialidad nos proporciona el marco teórico y la base necesaria para afrontar situaciones complejas, pero creo que la verdadera seguridad en el trabajo se construye con la experiencia. Son las situaciones que vivimos en el día a día, especialmente las más difíciles, son las que nos van dando herramientas para saber cómo actuar ante una nueva crisis. En mi caso, haber trabajado en una unidad de agudos me ha permitido vivir muchas de esas situaciones y aprender de ellas. Tuve, además, la suerte de contar con unos compañeros maravillosos, con los que siempre intentamos afrontar incluso las situaciones más difíciles desde el trabajo en equipo y, cuando era posible, con una buena dosis de humor como vía de escape. Y después de cada situación, especialmente de las más complicadas, creo que es fundamental parar y reflexionar juntos: qué ha ocurrido, qué hemos hecho bien, qué podríamos haber hecho de otra manera. Incluso nuestros propios errores son una de las mayores fuentes de aprendizaje. Al final, la experiencia, el equipo y la capacidad de aprender de lo vivido son los que realmente van construyendo nuestro criterio clínico y nuestra autonomía.

P: La Unidad de Desintoxicación es un recurso clave. ¿Qué papel juega la enfermera experta en el abordaje integral de las conductas adictivas, más allá del plano puramente físico de la abstinencia?

R: El ingreso en nuestra unidad es breve dentro de lo que realmente es un proceso de recuperación o rehabilitación de una adicción. Con nosotros empiezan los primeros pasos de un camino que, en muchos casos, será largo. Nuestro papel va mucho más allá de conseguir la desintoxicación física: trabajamos para afianzar la motivación al cambio, identificar situaciones de riesgo y empezar a preparar a la persona para prevenir futuras recaídas. Yo siempre les digo que la unidad es una especie de “burbuja”: aquí están protegidos y alejados temporalmente de su entorno habitual, pero cuando salen, la realidad sigue ahí, con todos sus problemas y dificultades. Por eso es fundamental prepararles para ese momento y asegurar la continuidad de los cuidados en otros dispositivos, como las comunidades terapéuticas, los grupos de prevención de recaídas o el seguimiento en los centros de salud mental. La desintoxicación es solo el primer paso; nuestro objetivo es que ese primer paso tenga continuidad.

P: Tu trayectoria es muy amplia: has pasado por urgencias, hemodiálisis, atención temprana, atención primaria, diferentes unidades de hospitalización y salud mental. ¿Cómo te ayuda esa visión transversal a la hora de comprender la complejidad de los perfiles que atendéis?

R: Creo que haber trabajado en ámbitos tan diferentes me ha dado, sobre todo, una visión amplia del paciente. Cada servicio te aporta una experiencia diferente y, con los años, aprendes a mirar las situaciones desde distintas perspectivas y a anticiparte a determinados problemas. En la Unidad de Desintoxicación esto me resulta especialmente útil, porque el paciente con una adicción no llega solo con un problema de consumo. Cada vez nos encontramos con más personas que tienen además patología física y otros problemas de salud que pueden complicar la desintoxicación. Haber trabajado en ámbitos tan distintos me permite reconocer mejor esas necesidades y tenerlas en cuenta desde el principio. Al final, esa visión global es muy importante para poder anticiparnos a las complicaciones y ofrecer unos cuidados más seguros.

P: La atención en salud mental exige una red perfectamente engrasada entre atención primaria, los centros de salud mental y el ámbito hospitalario. ¿Cómo valoras la coordinación real entre los diferentes niveles asistenciales en Asturias?

R: Desde mi experiencia, creo que la coordinación entre los diferentes niveles asistenciales todavía puede mejorar. En nuestro caso lo vemos especialmente porque somos la única Unidad de Desintoxicación pública con ingreso de 24 horas en Asturias y recibimos pacientes de todas las áreas sanitarias. Eso hace que sea fundamental que exista una buena comunicación antes, durante y después del ingreso. En el día a día, cuando conoces la red y tienes contacto con otros profesionales, todo resulta mucho más fácil. En el área de Oviedo, por ejemplo, tengo relación con muchos compañeros de distintos dispositivos y eso facilita mucho poder hablar directamente, consultar una situación o resolver una duda.

P: Además de la asistencia, compaginas tu labor con la docencia y eres tutora EIR en la Unidad Docente Multiprofesional de Salud Mental. ¿Qué competencias e inquietudes clave buscas inculcar a las nuevas residentes?

R: Cuando me enfrento a la labor de tutoría siempre recuerdo a mi tutora, e intento transmitir a las residentes una de las cosas que ella me enseñó: que la persona tiene que estar siempre en el centro de nuestro trabajo. Detrás de cada paciente hay una historia, unas experiencias y unas circunstancias que debemos conocer y entender para comenzar a cuidar. Es una etapa de aprendizaje muy intensa y el punto de partida de todo lo que van a construir después. Por eso, más allá de los conocimientos, me gustaría que terminasen la residencia con ganas de seguir formándose , aprendiendo, con espíritu crítico y, sobre todo, que nunca pierdan la mirada humana hacia la persona que tienen delante.

P: El estigma social hacia los problemas de salud mental sigue muy presente. Desde la perspectiva de la educación para la salud, ¿qué papel debemos jugar las enfermeras, tanto en las unidades específicas como en el resto de servicios, para desmontar estos tabúes?

R: Creo que la lucha contra el estigma va mucho más allá del ámbito de la salud mental e incluso del propio ámbito sanitario. No podemos pretender acabar con los prejuicios únicamente desde las consultas o los hospitales; necesitamos hacer mucha más educación en la sociedad. Y esa educación debería empezar desde edades tempranas, en los colegios, enseñando a hablar de salud mental con la misma naturalidad con la que hablamos de salud física. También en las familias, en los medios de comunicación y en todos los espacios comunitarios. Hay que conseguir que pedir ayuda no se vea como un signo de debilidad y que una persona con un problema de salud mental no sea definida por su diagnóstico. El verdadero cambio llegará cuando entendamos que la salud mental forma parte de la salud y de la vida de todos, y que hablar de ella con normalidad es también una forma de prevención.

P: Venimos de acontecimientos normativos e institucionales muy relevantes, como el pacto de salud mental de julio de 2025, el proyecto de ley en marcha y el desbloqueo de las especialidades de enfermería en mayo. Como representante del CODEPA en la firma del pacto y especialista, ¿cómo valoras el encaje real de nuestra profesión en este nuevo escenario?

R: Creo que estamos ante un momento importante y que, en general, debemos valorarlo de forma positiva. El Pacto por la Salud Mental de 2025 es un paso adelante y espero que la Ley de Salud Mental pueda llegar pronto y, sobre todo, que el modelo comunitario que plantea pueda convertirse realmente en una realidad en la atención diaria. En cuanto a las especialidades de enfermería, creo que hay que poner en valor que llevábamos muchos años esperando este momento. En Asturias hemos sido la penúltima comunidad en conseguir la implantación de las categorías de enfermera especialista, después de muchos años de formación, de promociones de especialistas y de profesionales que hemos seguido desarrollando nuestras competencias en la práctica asistencial sin que existiera un reconocimiento real de esa especialidad dentro de la estructura sanitaria. Por eso, que finalmente llegue la categoría es una noticia muy importante y que debemos celebrar. Pero también creo que ahora empieza otra etapa: la de conseguir que ese reconocimiento tenga una repercusión real en la asistencia. En Salud Mental, muchas de las funciones que desempeñamos como especialistas ya las veníamos realizando desde hace años. Lo que esperamos ahora es que la especialidad no se quede únicamente en una categoría administrativa, sino que se traduzca en una verdadera planificación de puestos, en el reconocimiento de nuestras competencias y en que la enfermera especialista pueda aportar todo su potencial dentro de la Red de Salud Mental. Después de tantos años esperando, creo que nos merecemos que este paso sirva realmente para avanzar.

P: Con motivo del Día Mundial de la Salud Mental este 10 de octubre, y conociendo de primera mano las necesidades del colectivo, ¿qué mensaje te gustaría trasladar a las compañeras de profesión en Asturias?

R: A mis compañeras de Salud Mental les diría que es el momento de poner en valor nuestro papel. Tenemos formación, experiencia y competencias propias, y debemos estar presentes en los espacios donde se diseñan las políticas, se toman decisiones y se define el futuro de la atención en salud mental. Es importante estar unidas como colectivo y ser conscientes del enorme potencial que tenemos. Debemos defender nuestras competencias y nuestra capacidad para liderar y desarrollar cuidados propios de nuestra disciplina, y al mismo tiempo identificar todos aquellos ámbitos en los que todavía podemos aportar y seguir creciendo. Tenemos que ser parte activa de cómo se construye el futuro de la salud mental.

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