3 sep

Entrevista: Raquel García García, Vocal I del CODEPA

P: La reforma actualiza el marco normativo iniciado con la Ley 28/2005 y modificado posteriormente con la Ley 42/2010, en el contexto del Plan Integral de Prevención y Control del Tabaquismo 2024-2027. ¿Cómo valoras esta actualización ante la evolución de los patrones de consumo y la aparición de nuevos productos?
R: Ambas leyes supusieron un antes y un después en la protección de la población frente al humo de segunda mano y fueron un avance fundamental en salud pública. Pero también es verdad que han pasado muchos años y las cosas han cambiado. Hoy el consumo ya no se limita al cigarrillo tradicional. Han aparecido nuevos productos y dispositivos para consumir nicotina, con formatos y sabores mucho más atractivos, envueltos en falsa apariencia de inocuidad. Por todo esto, es necesario actualizar la regulación, no podemos seguir dando respuesta a la realidad actual con normas pensadas para el contexto de hace veinte años. Que algo tenga un diseño atractivo, moderno o parezca diferente al cigarrillo no significa que esté exento de riesgos. Y ahí es donde creo que tenemos que poner todo nuestro esfuerzo, en la prevención. Especialmente cuando hablamos de niños y adolescentes, población especialmente vulnerable a los que la industria dirige buena parte de sus estrategias para captar nuevos consumidores.

P: La ley amplía los espacios sin humo a las terrazas de hostelería, playas o instalaciones deportivas, y fija un perímetro donde no se podrá fumar a menos de 15 metros de los accesos a centros sanitarios y educativos. ¿Qué impacto esperas de estas medidas en el día a día?
R: No se trata solo de ampliar los espacios protegidos frente al humo del tabaco y los aerosoles de los cigarrillos electrónicos, sino también de conseguir que fumar o vapear deje de formar parte de lo habitual en los espacios que compartimos. A veces hablamos de estas medidas solo en términos de prohibición, pero van mucho más allá, ya que son una forma de proteger a quienes no consumen. La exposición al humo de segunda mano causa alrededor de 1,6 millones de muertes cada año en el mundo, y todos tenemos derecho a disfrutar de espacios de ocio, convivencia o actividad física sin tener que respirar el humo o los aerosoles de otras personas. Esto es especialmente importante cuando hablamos de niños y adolescentes. Lo que ven a su alrededor influye. Si crecen viendo fumar o vapear, es más fácil que lo incorporen como algo habitual. Reducir esa presencia en los espacios que comparten también ayuda a protegerles y a prevenir que estas conductas se incorporen desde edades tempranas. Los entornos de los centros sanitarios y educativos merecen una protección especial. Son lugares donde cuidamos y educamos, y creo que el mensaje tiene que ser coherente.

P: Se prohíbe expresamente el consumo a menores de 18 años, algo que hasta ahora la normativa limitaba a la venta y el suministro. ¿De qué forma facilita esto la prevención temprana y el enfoque educativo con las familias?
R: Este cambio refuerza el marco de protección en menores de edad, pero la norma por sí sola no va a prevenir el consumo. Para que tenga un verdadero impacto debe ir acompañada de educación y sensibilización, tanto en las familias como en el ámbito educativo y sanitario. La prohibición puede ayudar a transmitir un mensaje más claro sobre la necesidad de proteger a niños y adolescentes, pero la prevención real requiere información, diálogo y capacidad para detectar e intervenir de forma precoz cuando aparece el consumo. Esta preocupación no es exclusiva de España. Otros países, como el Reino Unido, también están reforzando sus políticas para proteger a las nuevas generaciones frente al tabaco y otros productos de nicotina. De hecho, este mismo año el Reino Unido ha aprobado la Tobacco and Vapes Act 2026, que establece que los niños nacidos a partir del 1 de enero de 2009 no podrán comprar legalmente productos de tabaco.

P: El informe ESTUDES 2025 refleja que el 49,5% de los jóvenes de 14 a 18 años ha probado los cigarrillos electrónicos. Al equiparar estos dispositivos al tabaco tradicional en los espacios sin humo, ¿por qué era tan urgente cerrar esta brecha?
R: Era urgente cerrar esta brecha porque los cigarrillos electrónicos han dejado de ser algo puntual o minoritario entre los adolescentes. Su consumo forma parte ya de la realidad de muchos jóvenes y, ante esa situación, no tenía sentido que siguieran quedando fuera de los espacios en los que ya se protege a la población frente al humo del tabaco. Además, estos dispositivos generan un aerosol que puede contener nicotina, partículas ultrafinas y otras sustancias, como propilenglicol, glicerina y determinados compuestos tóxicos, algunos de ellos cancerígenos. Ese aerosol también lo pueden inhalar las personas que están alrededor y, aunque todavía necesitamos más evidencia sobre sus efectos a largo plazo, sabemos que su inhalación no es inocua. Incluirlos en esta regulación era, por tanto, una cuestión de coherencia. Si queremos proteger a las personas en los espacios compartidos, esa protección debe tener en cuenta también las nuevas formas de exposición.

P: Las bolsitas de nicotina (nicotine pouches) representan una nueva forma de consumo de nicotina y la norma prohíbe expresamente su consumo en menores de 18 años. ¿Qué retos plantean estos productos para la prevención del inicio del consumo entre niños y adolescentes?
R: Las bolsitas de nicotina plantean un reto importante porque, hoy en día, no están reguladas de forma específica por ley. Además, pueden contener dosis muy elevadas de nicotina, entre 2 y 47,5 mg por bolsita. A esto se suman los sabores y los envases atractivos, que pueden hacerlas especialmente llamativas para niños y adolescentes. También pueden consumirse de forma prácticamente imperceptible para los adultos, tienen un precio asequible y son fáciles de conseguir. Todo esto puede facilitar el inicio del consumo y hacer más difícil detectarlo. Y no debemos olvidar que estamos hablando de productos que contienen nicotina, una sustancia capaz de generar dependencia. En niños y adolescentes la preocupación es todavía mayor, porque su cerebro sigue desarrollándose hasta aproximadamente los 25 años y la nicotina puede interferir en ese desarrollo, especialmente en funciones como la atención, el aprendizaje y el control de los impulsos.

P: En cuanto a la publicidad, se limita la promoción en redes sociales y a través de influencers, así como los carteles y otros reclamos publicitarios visibles desde la calle. ¿Crees que estas medidas pueden ayudar realmente a evitar que estos productos sigan llegando a los más jóvenes?
R: Hoy la publicidad ya no es solo el anuncio de toda la vida. Está en las redes sociales, a través de influencers, en carteles o reclamos visibles desde la calle y, muchas veces, integrada en los contenidos que consumen los jóvenes en internet. Es lo que conocemos como “humo digital”, una exposición mucho más difícil de identificar y de controlar. La Asociación Española Contra el Cáncer también ha estudiado este fenómeno. En 2023 analizó 450 perfiles de influencers españoles y encontró que uno de cada cuatro había publicado contenidos relacionados con el tabaco y otras formas de consumir nicotina. Esto nos muestra hasta qué punto los jóvenes están expuestos a estos mensajes. No siempre es evidente que haya una campaña detrás, pero el mensaje llega igualmente, fumar o vapear asociados a la diversión, la moda o el éxito. Por eso limitar la publicidad es importante. Hablamos de una industria con mucho dinero y grandes profesionales del marketing que saben muy bien cómo hacer atractivos sus productos y llegar a los jóvenes. El reto es que, muchas veces, la publicidad ya no parece publicidad.

P: El texto recupera el Observatorio para la Prevención del Tabaquismo, que había sido suprimido en 2014. ¿Qué papel clave jugará este órgano en el seguimiento y la coordinación de la ley?
R: El Observatorio para la Prevención del Tabaquismo se suprimió en 2014, debido a una reorganización administrativa, y sus funciones pasaron a integrarse en el Observatorio de Salud. Recuperarlo ahora nos ayudará a conocer mejor qué está pasando y contar con información que ayude a tomar decisiones. Será una herramienta importante tras aprobar la ley para poder evaluar qué está pasando, si está funcionando y qué necesita mejorar.

P: La norma también afecta de lleno a la comunicación audiovisual, prohibiendo que aparezcan personas fumando o marcas en programas y contenidos. ¿Era un flanco necesario por cubrir?
R: Sí, era un flanco necesario. En los programas, la norma refuerza las restricciones sobre la presencia de personas fumando, mostrando estos productos o sus marcas. Aquí conviene aclarar algo sobre las películas y las series. Que un personaje fume porque forma parte de la historia no es lo mismo que utilizar un contenido para promocionar el consumo. El tabaco ya estaba contemplado en la normativa anterior; la novedad es que estas restricciones se extienden también a otros productos, como los cigarrillos electrónicos. Y esto no se limita a los programas. También tenemos que prestar atención a las retransmisiones deportivas, donde la Fórmula 1 es un buen ejemplo de cómo estas marcas siguen buscando formas de estar presentes y llegar a públicos muy jóvenes. Al final, se trata de que la comunicación audiovisual no se convierta en otra vía para promocionar el consumo.

P: A modo de conclusión, ¿con qué mensaje te gustaría que se quedaran los profesionales sanitarios y la sociedad ante esta nueva etapa en la prevención y el control del tabaquismo?
R: Para terminar, creo que hay algo que no debemos olvidar. Es verdad que las leyes que prohíben y sancionan pueden generar rechazo. A nadie le gusta que le digan lo que puede o no puede hacer. Pero precisamente, cuando hablamos de personas fumadoras, también tenemos que hablar de falta de libertad generada por la propia dependencia. Y nuestra libertad también tiene un límite cuando lo que hacemos afecta a la salud de otras personas. Por eso las políticas de salud pública no pueden quedarse solo en prohibir. También tienen que sensibilizar, educar y ayudar a que fumar o vapear deje de verse como algo normal. A los profesionales sanitarios me gustaría animarlos a ofrecer ayuda a las personas que quieren dejar de consumir nicotina, en cualquiera de sus formas. Es una intervención muy coste-efectiva y, además, muy gratificante. Y aquí también quiero ser crítica con la ley. Necesitamos más unidades especializadas, más tiempo en formados. También tenemos que garantizar el acceso a los tratamientos farmacológicos sin restricciones y que las personas puedan recibir ayuda en los intentos que necesiten.

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