LA GOTA DE LECHE, y el resto de las instituciones y programas puestos en marcha por el doctor Avelino González desde la Junta Local de Protección de Menores, fue sin asomo de duda una de las creaciones sociales más meritorias y más necesarias de las realizadas en Gijón en la primera mitad del siglo XX.
Mucho antes de que el estado del bienestar existiese siquiera como idea; mucho antes de iniciarse la construcción del sistema sanitario y de seguridad social; en un tiempo donde la pobreza extrema, la alta mortalidad infantil y las carencias en materia de higiene y salud eran la norma y no la excepción, don Avelino y quienes le apoyaron —entre otros, el Ayuntamiento— tuvieron la visión de concebir un sueño ambicioso, y la inteligencia y la energía necesarias para llevarlo adelante con enorme acierto y rapidez.
El afortunado avance social de los últimos cuarenta años hizo desaparecer aquellas instituciones, sustituidas por el formidable y universal dispositivo sanitario, educativo y asistencial que suman las Administraciones central, autonómica y del municipio. Pero la huella de aquel trabajo extraordinario está muy presente en Gijón y en miles y miles de personas a las que La Gota y el Hogar Maternal e Infantil ayudaron a nacer, a sobrevivir y a crecer en condiciones más sanas, más seguras y más dignas.
Del legado de don Avelino, continuado luego por Pedro Víctor, nos queda pues un vivo recuerdo —para mí especialmente grato, puesto que inicié mi compromiso con las responsabilidades públicas en 1963 como vocal de la Junta de Protección de Menores—; muchísimo cariño y gratitud hacia la institución y sus trabajadores, y dos inmuebles muy emblemáticos.
La transformación ahora del edificio de La Gota de Leche en sede de la Fundación Municipal de Servicios Sociales y de la Sociedad Internacional de Bioética, tras una reforma necesariamente profunda pero empeñada también en conservar lo más valioso de su originaria arquitectura y decoración, es el mejor destino que podría tener. Mantendrá así una función en algún modo afín a la que justificó su creación: la ayuda comunitaria, aunque abierta en este caso a todos los sectores de población, y particularmente a los que nuestra realidad sitúa hoy como más necesitados de ese apoyo: mujeres que soportan solas cargas familiares o que son objeto de malos tratos, mayores, inmigrantes, drogodependientes y todos cuantos se hallan marginados o corren el riesgo de estarlo.
Quiero creer que el doctor Avelino González se sentiría contento de la rehabilitación llevada a cabo en el edificio que proyectó Miguel García de la Cruz.
Y mucho más del uso que le hemos asignado.
PAZ FERNÁNDEZ FELGUEROSO
Alcaldesa de Gijón